Melani «La Prostltuta» – Capítulo 15

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Mis lágrimas salían sin darme cuenta, tenía una enorme tristeza, no quería casarme y llevar una vida de mierda, no lo merecía pero debía controlarme, el maquillaje se arruinaría si continuaba así. Me peinaron y maquillaron ahora debía ponerme el vestido que yo misma había escogido para mi grandioso día, era un vestido de ensueño y me haría ver como una princesa, pero aquella princesa no era feliz y quizás nunca lo sería, me puse mis zapatos, mi liga y la diadema de diamantes que me enamoro de la vitrina, todo estaba perfecto menos yo, llegó mi padre en la limosina que habían alquilado para mi gran día, me monte y le pedí ir sola tan solo con el conductor, mis padres irían en otro carro escoltando la limosina, aproveché para llorar y llorar para liberar mi alma y sentirme en paz pero nada lo lograba, ya nada me llenaba, podía ver por el retrovisor que me iba alejando del camino en especial de aquél camino de prostitución que amaba pero que me estaba haciendo dudar de continuar en el o no.
Llegamos a la capilla y eso era como la entrada al infierno, un infierno que en el fondo estaba aceptando, el chófer bajó y abrió la puerta y mi padre extendió su mano para ayudarme a bajar, me dio su bendición un abrazo y un beso y algo que no me esperaba:

-PAPÁ: hija no te veo feliz ¿pasa algo?
-YO: no papá quizás sean los nervios.
-PAPÁ: hija no te cases, vayámonos corriendo y no lo hagas si no quieres.

No me esperé aquello de mi papá pero temía a lo que Daniel pudiera hacerle y quizás causarle a el, así que continué con la farsa de boda, entrelazamos nuestras manos y caminamos juntos hacia el altar, la capilla estaba a reventar, muchos familiares y amigos nos acompañaban aquél día, miraba a Carmen tan feliz en su matrimonio de mentiras al que quizás yo me acostumbraría. Llegamos al altar, ahí me esperaba Sebastián, estaba muy guapo vestido me encantaba verlo así, mi padre le dio algunas palabras y este acepto y tomo mi mano, alsé mi rostro y mire hacia el frente, estaba el obispo casi no lograba verle su rostro con totalidad, tenía tantos atuendos puestos y una bobina en la cabeza que no sabía con exactitud quien era, pero éste se acerco poco a poco para darnos su bendición antes de la ceremonia y como si lo hubiese vaticinado ¡Gustavo era el obispo! nos quedamos viendo asombrados, el quizás mas que yo, pero no fue capaz de sostenerme la mirada, llegó hasta donde nosostros; juntó nuestras manos y dio paso a la celebración. Me sentía en una película de terror, como si yo fuera devorada por un enorme dragón, podía ver hacia un extremo la risa de victoria de Daniel, Sebastián algo tranquilo y yo llorando por dentro, quería que alguien entrara por la puerta y me sacara de ahí o irme corriendo de ese lugar pero cuando menos lo pensé ya estaba casada, ya Gustavo nos había dado su bendición «hasta que la muerte los separe», yo tenía muchas dudas con Gustavo pero sabía que tendría tiempo de aclararlas con el, también tenía algunas preguntas que hacerle a Sebastián, mientras tanto debía continuar con mi boda y dirigirnos a la recepción, nos montamos en la limosina con Sebastián:

-YO: ¿puedo saber por que no fuiste a la clínica ni has contestado mis llamadas?
-SEBASTIAN: Melani lo se todo
-YO: ¿y que es todo para ti?
-SEBASTIÁN: que te vendes, que eres una prostituta.
-YO: ¿y si sabes eso, por qué te casaste conmigo?
-SEBASTIÁN: por que no permitiría un escándalo ni la cancelación del matrimonio, tu sabes que éste es el sueño de mis padres; que formara una familia y lo querían contigo, yo te perdono todo, menos que te hayas aparecido en mi despedida de soltero como una vulgar puta.
-YO: jajaja que estúpida fui, ¡te diste cuenta! Daniel planeó todo, por si no lo sabes me tiene chantajeada, por eso fui a la dichosa despedida
-SEBASTIÁN: no lo culpes a el, él me advirtio que lo culparías, asume tu responsabilidad Melani.
-YO: está bien, ahora dime ¿cómo te enteraste y desde cuando lo sabes?
-SEBASTIÁN: el día de la despedida te reconocí, luego cuando fue a la clínica y pregunte por «Soraya», me encontre al administrador de la 19, tu jefe y me contó lo que te había pasado y casualmente en una despedida, y no pude con tanta verdad y me fui, no quería verte en ese momento.

De verdad estaba en una película de terror, mi vida era una mierda pero mucho mas aquéllos que apesar de saber lo que soy seguían conmigo.
Llegamos a la recepción; saludamos, nos tomamos fotos y bailé el vals de mi sueño, pasadas unas horas llego Gustavo, ya no tan arreglado como cuando nos casamos pero era él, no entendía que hacía ahí pero me hice la loca, me fui a cambiar a una de las habitaciones del lugar. Sin darme cuenta Gustavo me había seguido, me tapó la boca y me condujo hacia una habitación distinta a la que yo iba, me pedía perdón mientras forcejeaba para que me soltara, me pidió calmarme para poderme liberar. Apenas lo hizo y le solté una cachetada por ser un ser despreciable.

-GUSTAVO: estás en todo tu derecho, pero déjame explicar…
-YO: yo no quiero saber nada Gustavo o como te llames, quiero que me dejes en paz.
-GUSTAVO: debía mentirte por mi condición, no podía decirte la verdad ni mi verdadero nombre, me llamo Gerardo, vivo en el ancianato donde fuiste, entiende que no es bien visto por la sociedad que un religioso tenga relaciones sexuales, pero es que no aguantaba, ante todo soy un ser humano y necesitaba mucho de una mujer, llevaba 10 años selibe, y tu me cogiste de manera desenfrenada, tanto que puedo jurar que te amo.

Me quedeé paralizada ante tal confesión, yo también sentía que lo amaba así que me abalancé a sus brazos y lo besé, el quitó mi vestido y quede en ropa interior, no hacía falta saber que su pene estaba erecto para mi y que debíamos hacerlo rápido para no ser descubiertos, bajé y como de costumbre, se la mamé, esa v3rg@ se sentía deliciosa, estaba muy dura y todita para mi, me subio a uno de los muebles y abrió mis piernas de par en par, corrió un poco mi panty y metió todo su pene, se sentía delicioso, necesitaba gemir pero no podía, sabía que nos podían descubrir, sólo hablaba muy bajito y le repetía que lo metiera muy rápido, que me diera duro, que me cogiera con ganas y el accedía, ese hombre me encendía, me encantaba, yo estaba loca como siempre que estaba con él, pero el momento debía terminar antes de que nos descubrieran, respiró profundo y de un solo movimiento hacia adentro y de manera brutal rellenó mi vagina, quedé empapada de sus fluidos, de su tibia leche, le pedí que dejara su pene ahí por un momento, que no lo sacara, y así lo hizo, mientras tanto se acercaba un poco hacia mi y chupaba mis senos y aquello era sensacional, de verdad que amaba a ese hombre lo amaba…

CONTINUARA…

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