Melani «La Prostltuta» – Capítulo 17

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Regresamos de nuevo a casa y parecía que hubieran pasado 10 años, me enteraría de cosas muy tristes, debía recoger mis cosas para irme a vivir al apartamento de Sebastián, al infierno que me esperaba a su lado, me tomé mi tempo para arreglar mis cosas y despedirme de mi apartamento, sabía que regresaría a aquél lugar y esperaba que fuera pronto, Sebastián me esperaba en nuestro «nuevo hogar» con una cena, me parecía ridículo todo lo que pasaba pero quería llevar la fiesta en paz, después de cenar y tomar unas cuántas copas de vino, Sebastián quería intimidad, no sabía cuál era su propósito pero sabía que debía visitar al medico, tuvimos sexo y nos acostamos a dormir, a la mañana siguiente, fui a visitar a mis papás y a entregarles algunos detalles que había comprado, mi padre me recibió con una sonrisa hermosa y con unas palabras algo incoherente que no entendía:

-PAPÁ: no te cases hija, yo te ayudo a escaparte.
-YO: papito, ya me casé
-PAPÁ: no te cases, no te cases.

Mi padre no dejaba de repetirme aquello, al fondo de la sala mi madre me miraba con ojos de tristeza, algo pasaba y era evidente, pero ¿que le ocurría a mi padre, por que era tan repetitivo esa petición y nuevamente me lo repetía una y otra vez? Llamé a mi mamá a un. costado de donde estaba y le pregunte.

-YO: madre, ¿que pasa con mi papá?
-MAMÁ: hija, al parecer tiene principios de Alzheimer.
-YO: ¿qué? ¿y ya le hicieron estudios? vamos al doctor.

Llevé a mi papá al mejor especialista de la ciudad, le hicieron múltiples exámenes y a pesar de no dar un diagnóstico definitivo, el doctor tenía sospechas de que si era Alzheimer, una enfermedad que no tiene cura, degenerativa y con pérdida de memoria. Era terrible pensar que mi padre no me recordaría nunca mas, que quizás debí escaparme con él a otro lugar del mundo, pero no era así, ni con todo el dinero que había ganado de put© encontraría la cura para mi padre, lloraba como una niña, apenas iniciaba mi infierno y era muy duro pensar que mi padre perdería la memoria. Salí al pasillo del consultorio del doctor y me senté en el piso, continué llorando, quería encontrar un poco de paz y tranquilidad pero no lo hallaba, era imposible ante esa situación estar tranquila, pero seguramente el s€x0 me ayudaría ,.lleve a mis padres a casa, les di algo de dinero y sin decirle nada a Sebastián me fui a la 19, me tomé un par de tragos en la barra y estaba dispuesta a irme con el primero que solicitara un servicio. Estando ahí, llego un chico joven, alto y simpatico, pidió una chica y me ofrecí a ser su chica aquella noche, pero el servicio era a las afueras del lugar, quería ir hasta su apartamento; estaba tan estresada que lo haría hasta gratis aquella noche, nos montamos a su carro y conducía muy apresurado, estaba algo ancioso, pasé mis largas uñas por su cuello y bajaba por su brazo, ese hombre se erizaba todo y podía notar como se abultaba su pantalón, sabía que había algo grade ahí, llegamos un edificio subimos hasta el apartamento 302 y justo antes de entrar le pregunte su nombre.

-YO: ¿cómo te llamas?
-ERNESTO: Ernesto Sevilla ¿y tu?
-YO: Melani
-ERNESTO: siempre he querido estar con una puta, uno les hace lo que quiera y no se quejan.
-YO: si, seguramente.

Me pareció algo arrogante pero no me importaba, yo estaba deseosa de un s€-xo de verdad.
Entramos, se sirvió una copa de wisky y puso algo de música, me llevó hasta su habitación, se sentó al borde de la cama, me senté encima y empece a besarle el cuello y a meterla mi lengua en su oreja, aquél hombre se estremecía y apretaba mi culo con mucha fuerza, su piel estaba como piel de gallina, sabía que estaba en su punto de excitación, subía y bajaba mi lengua por sus labios queriendo jugar con el, me paro y se bajo el pantalón dejando en evidencia aquel enorme p3n3.

-ERNESTO: ven mamalo
YO: ¡si, claro!

Hacerle oral a un hombre me encantaba, quizás mucho mas de lo que me gustaba que me hicieran a mi. Empecé a pesarla mi lengua por su cabecita muy suavemente, ya podía sentir su lubricación, con mi mano lo masturbaba mientras le hacía pequeñas succiones, aquél hombre gemía y eso me encantaba, sus ojos parecían desorbitados, y comenzó a recogerme el cabello, empezó, a moverse lentamente y metía todo su pene en mi boca, el cual me llegaba hasta la garganta pero se sentía delicioso, luego el tomó su p3-ne y me conducía hasta sus enormes testículos, los cuales no me entraban todos a la boca por lo enorme que eran, Ernesto no aguantó y me desnudó, pasaba su lengua muy suavemente por mi cuello, bajaba hasta mis senos y terminaba en mi ombligo, abrió mis piernas y ahí metió sin compasión todo su miembro duro y venoso, grite de un solo golpe, por que de verdad era enorme, mientras lo hacía me pedía que gimiera, que gritara y hasta que hablara, así que lo complací diciendo que lo metiera más, mucho más, hasta que me hiciera doler, se sentía tan rico que no me importaba el dolor, quería que mi v@g1n@ quedara rendida ante su p3ne, mordía mis pezones y jugaba a verme la v®g1na y masturbarse, me encantaba la cara que ponía, como se lamía sus labios, eso encendía mas mi calentura, luego me puso en 4 al borde de la cama y me pedía que le rogara que metiera todo su pene, y así lo hice, casi le suplicaba que lo metiera todo, que me diera duro y que me destrozara todo, podía sentir como sus movimientos aumentaban al decirle eso, como gemía y me nalgueaba una y otra vez sin compasión, era un s3x0 delicioso lo que vivía con Ernesto, era un excelente amante y estar con el cumplió su objetivo, me relaje mucho, demasiado, tanto así que mis piernas temblaban sin cesar, aquellos espasmos vaginales eran incontrolables por aquél momento me olvidaba de mi realidad, de aquella asquerosa realidad que era mi vida. Ernesto terminó en mi espalda, me limpio, me bañé, me pago y salí hacia mi casa donde me esperaba mi «Esposito», al ingresar a casa estaba él con Daniel bebiendo escuchando algo de música, entré sin pronunciar palabra pero Daniel pidió algo de comer y Sebastián me dio la «orden» de prepararles algo, si hubiera imaginando lo que me esperaba en casa, me hubiera quedado deambulando en la calle, esperando a otro excelente amante, pero mi realidad era esa y a pesar de no ser una sumisa quería llevar la fiesta en paz, les prepare unos burritos mexicanos, no sin antes hechales toda la saliva que de mi boca saliera, les hice micheladas con un toque extra y les serví, a lo lejos podia ver como se deboraban la comida mientras me reía de manera desenfrenada en mi mente, me metí a la habitación, me puse la pijama y me acosté.

A la mañana siguiente madrugaría a verme con un ginecólogo, por nada del mundo podía embarazarme de mi esposo, me levanté, preparé desayuno, me bañé y salí, llegué al consultorio y el doctor que por cierto era muy guapo me presentaba una serie de métodos para planificar. Mientras el hablaba, mi mente sólo pensaba en que sería delicioso cogérmelo justo ahí en el consultorio, pero respiré profundo y me calmé, opté por planificar con pastillas las cuales debía camuflar muy bien para que Sebastián no se diera cuenta, llegué a casa nuevamente Sebastián estaba en la oficina y me acordé de mi mejor cliente; de Gustavo y anhelaba tanto volver a estar con el, así que salí y fui a buscarlo a la capilla, cuando llegué, estaba con él, el padre Ramos ¡mis dos amantes! entré, los salude y era evidente que entre los tres había química, nos quedamos viendo mutuamente, hasta que un espíritu se se apoderó de mi, si el de la lujuria…

CONTINUARA…

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