Melani «La Prostltuta» – Capítulo 3

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Desperté casi una hora después con un dolor insoportable y con algunas heridas profundas que sangraban, debía prepararme para irme a trabajar, toda mi familia incluido Sebastián, sabían que trabajaba de noche en una supuesta empresa de valores, era la mentira que les había dado para ausentarme sin levantar sospechas, me bañé, me desinfecté las heridas, me apliqué crema y me vestí con ropa holgada, tome un taxi y me dirgí hasta la 19 donde queda el sitio donde me ganaba la vida en el trabajo mas antiguo de la humanidad. Era un sitio extraño, realmente se ganaba muy bien con cada cliente que se atendiera.

Aquella noche me tocaba servicio privado, debía esperar en una habitación a que llegara el cliente sin saber si éste era feo, guapo, alto, bajo, negro o blanco; no había opción de escoger y quizás eso era lo mas maluco de ser una put@. Me puse la ropa interior mas pequeña de la habitación, me até en el cabello un lazo color rojo, mis labios carnudos color carmín, me perfume y me acosté de una manera donde no me lastimara la espalda. Pasado media hora, llegó mi primer cliente. A diario debía atender mínimo 5. Se llamaba Gustavo, era un hombre muy apuesto; alto, guapo, de ojos miel, un color de piel exquisito; era un negro bello y nunca había estado con un hombre así.

Tenía muchas expectativas de disfrutar de este hombre, le serví una copa de whisky, bajé un poco la luz y me senté sobre sus piernas, lo empece a besar mientras sus manos acariciaban mi rostro, bajaban poco a poco hasta mi espalda, no quise emitir sonido de dolor quería disfrutar de ese hombre y lo haría. Luego tomó mis nalgas y las apretaba con mucha fuerza, nuestra saliva para aquel momento ya se sentía espesa, sabía que ambos estábamos excitados y no era para menos, ese hombre era un sabor, una ricura que me comería aquella noche. Me levanté y bajé el cierre de su pantalón. Su pene estaba muy firme, era enorme y gruecito justo como me gustan, le eché un poco de saliva a su cabecita y este se movía, no se como lograba hacer mover su miembro pero lo hacía, quizá era de la emoción que le producía aquello que yo le hacia, luego de jugar un poco le pase lentamente la lengua y aprovechaba y daba unos suaves besos, aquel hombre se empezó a sofocar, se quito el suéter que tenia puesto y ¡Oh por Dios! que cuerpo, estaba todo marcado, realmente me comería un manjar aquella noche.

Mi boca se posó en su miembro, por varios minutos jugaba con sus testículos, con su ingle, por momentos subía hasta su pecho y besaba sus tetillas mientras lo masturbaba, empezó a jadear de manera sorpresiva, se levantó de la silla y con algo de rudeza me tiro sobre la cama. Empezó a besarme y lamerme la cara y a bajar despacio. Bajó un poco mi brasier y se posó sobre mis senos mientras que uno de sus dedos hacía círculos sobre mi clítoris, sobre el panty que llevaba puesto, estaba muy excitada y quería que por fín me penetrar, que me hiciera suya, fue bajando poco a poco me daba pequeñas mordidas sobre mi abdomen y muslo, hasta llegar a mi entrepierna y quitarme el panty.

Me abrió las piernas y su lengua fue mi parque de diversiones, la movía de manera deliciosa, me succionaba de manera exquisita y empece a venirme, se lo gritaba y el me pedía que lo hiciera quería probar el jugo que salía de mi vagina, me daba algo de pena pero no me podía contener, era necesario que mi cuerpo fluyera que lo dejara ser y lo pude complacer, me vine a chorros y todo eso él lo probo, me lamía por todas partes cuando supo que estaba rendida a sus pies, ahora si metió su pene lo hizo con firmeza y dureza. Me susurraba al oído que le encantaba mi vagina cerradita, que le encantaba que fuera de él, por momentos también me preguntaba que si me gustaba aquello que me hacía, que por favor se lo dijera, que lo gritara y era obvio que ese man me encanta. Todo lo que me estaba haciendo era placentero, me pidió que probara su semen que estaba a punto de llegar y sin decirle nada lo aparte de mi y yo misma busqué aquel fluido y era delicioso, su leche tibia con un sabor dulce, mientras lo probaba, el gemía como un condenado, como una puta al igual que yo, creo que en ese momento me enamore de mi cliente, de esa forma tan especial de comernos, de dejarme ser yo y hacerlo mío como quise, sin restricción alguna. No lo niego, me enamore de Gustavo, siento que lo amo desde el primer minuto que lo probé.

Continuará…

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