Melani «La Prostltuta» – Capítulo 4

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Después de terminar el se separo de mi cuerpo, tomó su ropa, se vistió y dejó mi pago sobre uno de los muebles de la habitación, salió sin mencionar palabra alguna y no podía permitir eso yo quiero volver a verlo, quería saber si iría nuevamente a aquel lugar.

Me vestí y salí tras el pero fue imposible alcanzarlo. Había tomado un taxi y memoricé su placa, llegando nuevamente a la habitación las anote en un papel, ese hombre me había dejado hechizada; su forma tan varonil, sus caricias, sus besos, su cuerpo, todo de el me encantaba y pensarlo nuevamente me hacia mojar, me hacia sentir la necesidad de que el estuviera ahí acariciándome pero aquel momento de éxtasis que tenía, fue apagada por mi siguiente cliente; Armando, un hombre muy mayor, me triplicaba la edad. Encima de ser un gordo panzon olía al demonio, era trabajador del basurero de la ciudad y según sus palabras había ahorrado tres meses de su sueldo para ir hasta el lugar y estar con una «Put@».

En mi mente me repetía el ¿Por qué le había tocado conmigo? habiendo tantas chicas hermosas en ese sitio ¿Por que debía ser yo quien debería atenderlo? le pedí que por favor se aseara para que fuera mucho mejor el encuentro pero no escuchó razón, estaba ansioso por estar con una puta, se abalanzó sobre mí y rasgó lo que llevaba puesto.

Le pedía que fuera mas delicado pero no entendía, parecía una bestia, me babeaba toda y yo empecé a sentir mucho asco, solo quería estar con Gustavo así que lo aparte de mi y le pedí que se fuera y buscara a otra chica, pero este insistía que era conmigo con quien quería estar, así que que me dio una fuerte bofetada, me tiró a la cama dejando mi espalda a su merced, realmente aquel hombre estaba muy excitado, bajo su pantalón y sin compasión introdujo su pene por mi cul@, grité como una desquiciada, le pedía que por favor no lo hiciera pero aquel salvaje no entendía, empecé a sangrar por que de verdad me había lastimado pero el estaba enloquecido con mi cul@.

Así que dentro de mi me tocaba aceptar aquella salvajada que estaba viviendo, ese hombre tenía una eyaculación retardada, duró mas de una hora y media clavándome y no llegaba, mientras tanto, le rogaba que me dejara, que no me lastimara mas pero el sólo repetía que yo era su puta, ¡¡¡maldición!!! ¿Por que no era Gustavo el que me hacía esas cosas? yo lo deseaba a él, necesitaba nuevamente estar con él, y lo que menos me esperaba pasó; mi cuerpo era un traicionero y empezó a tener espasmos vaginales, sabía que eran mis orgasmos pero yo no quería, no aceptaba que los tuviera si eran producto de aquella salvajada, pero al fin aquel animal terminó.

Me preguntaba si me gustaba sus ojos que estaban desorbitados pero, ¿Que me iba a gustar semejante desastre que habia hecho conmigo? le pedí que me pagara y saliera de la habitación, mientras aquel tipo se marchaba, tomé mi celular y llame a una central de taxis, di las placas del taxi que tomo Gustavo para ver si daba con su dirección, llame pero mi búsqueda fue en vano porque no di con el taxi aquel. Me sentía agobiada con ganas de meterme a la ducha e irme a la cama pero aun no completaba mi mi récord de clientes, me faltaban 3 y aún no sabía con quien demonios me encontraría. La noche aún era larga y de mis pensamientos no salía Gustavo ni aquella manera tan deliciosa de hacerme suya y cubrir mis necesidades de mujer, recordé que estaba a semanas de casarme y anhelaba con las fuerzas de mi corazón que Sebastián fuera así de caliente y fogoso, que se preocupara por mi, que me hiciera sentir una completa mujer en la cama, sabía que aquel hombre con el que compartiría mi vida entera sería mi amante ideal, seguramente el me haría renunciar a este trabajo. Me lo prometí desde el día que me comprometí que solo Sebastian me haría dejar la vida de puta y sería una licenciada de los números respetable, ahora debía continuar, mi siguiente cliente era Maicol, un hombre muy joven prácticamente adolescente; llego temeroso y con gran incertidumbre, quizás era su primera vez y por ende el encuentro debía ser lo menos traumatico posible:

-YO: sigue, siéntate ¿Te sirvo algo?
-MAICOL: no
-YO: es tu primera vez?
-MAICOL: ¿Tanto se me nota? mi papá me trajo obligado, piensa que soy gay y quiere que me estrene.
-YO: ¿Y tu que quieres?
-MAICOL: no se ni por donde empezar, eres una mujer hermosa, me tienes temblando.
-YO: te ayudo, mira ven, préstame tu mano y acaricia mi cuerpo lentamente, toca mis senos si quieres apriétalos, eso, así muy bien, me despertaste un pezón, se siente muy rico eso que haces, muéstrame tu lengua, ¡uy! rico ¿Te gustaría pasarla un ratico por mi pezón y probarme?
-MAICOL: si claro
-YO: ven dale, sólo pásame la lenguita lentamente, no te desesperes, ¡uff! que rico lo haces, te confieso que me tienes mojadita ya.

Para ayudar un poco a mi pequeño cliente empecé a tocar su entre pierna, era obvio que ya tenía una erección, así que bajé el cierre de su pantalón y empecé a masturbarlo. El chico se empezó a desesperar, su pene babeaba un poco, aquél chico estaba cargado, deseoso por mí, tenía un pene grande como me gusta y mis ganas por darle un par de besos no se hicieron esperar, me lo metí de a una a la boca, era delicioso ver como el pequeño Maicol se retorcía; sus ojos se enblaquecieron y me pedía parar, cuando por fín logro llegar, que fue de manera precoz, me miró con algo de pena y salió corriendo de la habitación, me sentí algo extraña pero 15 minutos después entró su padre a pagarme, me miraba con cara de pervertido y era evidente aquel hombre seria el 4 cliente de la noche, con él no hubieron besos ni nada, ni siquiera me dio tiempo de pronunciar palabra cuando me di cuenta ya estaba encima de él cabalgando y gimiendo como una desquiciada, por momento me era imposible no pensar en Gustavo y anhelar estar con el nuevamente, pero mi realidad era otra, estaba con aquel señor que ni su nombre me dio por preguntarle, tan solo deseaba que pudiera acabar mi noche e irme a mi casa.

Aquél hombre acabó por fin, pagó su servicio y el de su hijo y me pregunto como había estado su pequeño, le respondí que bien, que era todo un hombresito, un macho, aquél hombre se llenó de orgullo y repetía una y otra vez que sabía que su Maicol no era gay, pero ¿A caso hay algo de malo en ser gay? ¿Tan mal estamos como sociedad que debemos demostrarle al mundo las cosas que somos para que no nos juzguen? eso me llenó un poco de malestar así que le pedí se retirara de la habitación, me causaba descontento escuchar aquel hombre, me vestí y le dije al administrador que ya había cumplido mi meta, solo pensaba en aquel negro hombre que me comí y de verdad iría por él, no sabía como ni donde pero lo conseguiria.

CONTINUARA…

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