Melani «La Prostltuta» – Capítulo 7

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Sebastián me proponía algo asqueroso, llevar una relación entre los tres y aquel nombre «Daniel» retumbaba en mi mente, creía conocer al personaje y después de algunos minutos de asimilar la situación pregunte:

-YO: ¿Daniel que?
-SEBASTIÁN: Ocampo
-YO: ¡¿Eres amante de tu jefe?!
-SEBASTIÁN: si
-YO: pero si es un hombre casado e intachable, tiene hasta nieto ¿Como pudieron?
-SEBASTIAN: perdóname Melani, nos enamoramos, no planeamos nada, simplemente sucedió.
-YO: ¿Desde cuándo te gustan los hombres?
-SEBASTIAN: desde siempre, al mismo tiempo que las mujeres, cuando me empecé a interesar por los niños y no me aceptaba me involucre con algunas mujeres y sentía lo mismo que por los hombres, me gustan ambos sexos Melani.
-YO: ¿Sabes que es asqueroso ésto? he vivido en una mentira.
-SEBASTIAN: por eso te lo estoy confesando, ésto también ha sido difícil para mi, imaginar mi familia que me dirá, mis amigos, que tu no aceptes.
-YO: eras el amor de mi vida
-SEBASTIÁN: ¿Era, ya no lo soy?
-YO: eres un cínico, ¿Que quieres, que te aplauda, que te festeje, que siga como si nada, que haga de cuenta que es normal? Discúlpame Sebastián pero te equivocaste de persona, quizás Daniel o tus otros amantes te puedan entender, por que yo no.
-SEBASTIAN: Melani siempre has sido una mujer comprensiva
-YO: si, mas no idiota.

El mundo se me estaba derrumbando no sabía que carajos hacer, tenía una boda a escasas dos semanas, invitaciones entregadas, familiares que venían desde muy lejos, pero al igual que Sebastián yo tenía una doble vida, un secreto que me quemaba pero que me gustaba, no lo negué nunca, amaba el sexo pero Sebastián no sería un hombre que me pudiera complacer y mucho menos después de saber que le gustaban los hombres y no sabía que me dolía mas; si su precoz problema o que me fuera infiel con otro hombre. Me levanté de donde estaba, me serví una copa de vino y otra y una mas. Quería olvidarme de aquella situación, quería pensar que era una pesadilla, luego me metí a la ducha y ahí duré una hora entre lagrimas y desesperación, quería olvidarme de lo que Sebastián me había dicho, quería sentir que no era verdad y que lo estaba soñando, pero no era así, mi realidad era esa y debía continuar con mi vida y hasta con un posible esposo gay. Me fui a la cama y vi a Sebastián al borde de la laguna, quizás el debía asimilar también su situación, quizás no se acepta y le temía al rechazo pero, ¿Por que justo yo debía ser su paño de lagrimas, por que debía ser yo la que comprendiera, por que yo debía ser la esposa de un gay? tantos «por que» sin respuestas, pero quería regresar a mi casa y a mi trabajo, necesitaba tener sexo de verdad como de aquel que tuve con Gustavo. Lo recodaba nuevamente y me mojaba, ese hombre me había descontrolado así que me empece a tocar y podía ver como Sebastián se acercaba a la cabaña pero yo quería sexo, quería masturbarme y lo necesitaba. Sebastián se paro en frente de la cama y me miraba masturbarme, su cara cambió, fue sorpresiva, quizás no se lo esperaba, pero continué dándome placer, el sexo me relajaba mucho, expulsar mis fluidos me hacía encontrar la paz, pero mientras me acariciaba y lograba llegar al éxtasis, Sebastián no se aguantó:

-SEBASTIÁN: ¿Te ayudo?
-YO: no, y por favor déjame en paz ¿vale?, si te pudieras ir, lo agradecería.
-SEBASTIÁN: mi amor, no me rechaces solo quiero estar contigo.
-YO: y con Daniel?
-SEBASTIÁN: Melani me enamoré, por favor perdóname.

Sebastián se arrodillo y no me dejó terminar. Yo sólo necesitaba relajarme para dormir y poder regresar al día siguiente a mi vida de puta.

-YO: Sebastian quiero regresar a casa.
-SEBASTIÁN: ¿vas a cancelar el matrimonio?
-YO: no lo sé
SEBASTIÁN: mi amor, yo sé que podemos ser felices, pídeme lo que sea, pero no canceles el matrimonio.
-YO: deja a Daniel, ¿serias capaz de eso?

Sebastián se quedó callado, su amor hacia otro hombre al parecer era muy fuerte, bajó su mirada y no respondió, se apartó de la cama y nuevamente salió hasta la laguna. Me sentía una completa basura, no entendía como un hombre que decía amarme estaba enamorado de otro hombre.
Lloré tanto aquella noche hasta que por fin me quede dormida, a la mañana siguiente tomé mis cosas y agarré carretera. Sebastián aún dormía y salí sin decir nada, el recorrido se me hizo eterno pero al fin llegué y lo único que pasaba por mi mente era tener s3xo, así que apenas llegue a mi apartamento me bañe y me vestí. Fuí con rumbo a la 19 y anhelaba enormemente encontrarme un cliente que me sacara la Melani bien pu/t@ que llevaba dentro, llegué y me fui a la habitación, mientras esperaba a mi cliente y me tomaba un par de tragos, fue maravilloso lo que mis ojos vieron; era Gustavo todo varonil, todo un macho, pero aquél día quise saber un poco mas de él así que le pregunté:

-YO: ¿te sirvo wisky?
-GUSTAVO: si, por favor
-YO: ¿y puedo saber a que te dedicas, de dónde saliste, dónde te mantienes?
-GUSTAVO: ¿eres de la policía?
-YO: no como crees discúlpame.
-GUSTAVO: entonces, baila un poco para mi quiero verte.

Obedecí a lo que el quería así que bailé muy sexy para el ese hombre, no dejaba de mirarme, de clavar su mirada en mi cuerpo, lo hacía muy despacio y poco a poco fui quitándome la poca ropa que llevaba puesta, hasta que me abalancé sobre Gustavo y lo besé, confirmaba que me había enamorado de un cliente de que me encantaba como me trataba, como me tocaba, como me lamía, como me mordía. Me encantaba absolutamente todo de él, hasta la brusquedad que usaba para penetrarme, acabamos, se vistió y nuevamente desapareció no supe si regresaría, ni donde vivía ni nada él. Se esfumó de mi vida dejándome ansiosa y con mas ganas de él.
Aquella noche estuvo tranquila, los clientes eran normales y me hacían tener unos super orgasmos pero no dejaba de pensar en Gustavo, ese hombre me tenía flechada. Después de una noche aparentemente «normal» me fui a mi apartamento, me bañé y empijamé, aquella noche no me flagelaría, debía reponerme del último que había tenido.
A la Mañana siguiente apareció en la puerta de mi casa Sebastián, me pedía casi de rodillas que no cancelara el matrimonio, que le permitiera hablar conmigo y con Daniel, en el fondo de mi corazón el matrimonio también me convenía, era evidente que llevaba una doble vida y que mi conciencia no estaba tranquila. Acepté la idea de hablar los tres, quería ver a la cara a aquel hombre, una persona diferente a la que yo conocía, una persona con un matrimonio feliz, y quizás eso era lo que me esperaba a mi también, un matrimonio lleno de mentiras y engaños pero ¿qué mas daba? yo era la principal mentirosa. Llegamos a un restaurante ahí estaba Daniel; un hombre tan bien portado, un señor en toda la extensión de la palabra pero que en el fondo mantenía relaciones sexuales con mi prometido, me senté y Daniel me miraba muy fijamente, no sé a qué se debía pero el único que hablaba era Sebastián, el era el de las propuestas pero me intrigaba el por qué Daniel me miraba así. Después de algunos cruces de palabras, Sebastián se levantó y fue al baño, Daniel no se aguanto y habló:

-DANIEL: tu tampoco eres muy honesta con Sebastián.
-YO: ¿a que te refieres?
-DANIEL: sabes que no trabajas en ninguna empresa de valores.
-YO: claro que si
-DANIEL: ¿como se llama?
-YO: Atlas
-DANIEL: ¿y desde cuando atlas queda en la 19?

Me quedé paralizada. Daniel sabía cosas de mi, quizás el también me chantajearía al igual que el padre Ramos, estaba entre dos malditas escorias. Involucrada en una burbuja de mentiras, inmersa en una situación que ni yo entendía, ¿en que momento mi vida se convirtió en eso, en que momento lo que yo hacia se empezaba a descubrir?

CONTINUARA…

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