Melani «La Prostltuta» – Capítulo 8

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-YO: Discúlpame Daniel pero no se de que me hablas.
-DANIEL: Creo que es mejor que no te hagas la estúpida, mira la cuestión es sencilla, tu seras la esposa correcta, la esposa abnegada, la que espera a su marido en casa, la que tiene la cena lista, la que le dará hijos, tu serás la pantalla de perfección para la sociedad, pero ¿sabes que? su amor soy yo.
-YO: jajajaja permitirme reírme, ustedes pretenden arreglar el mundo, veo que ya tienen todo listo, yo quisiera saber si Carmen sabe que eres un asqueroso gay y que te acuestas con uno de tus empleados, dime, ¿lo sabe?
-DANIEL: Melani, en esta sociedad todo se sabe, ella lo sabe, sabe que soy gay pero no sabe que mi amante es Sebastián y es mejor que no lo sepa y le conviene continuar en silencio si no quien la mantiene, un divorcio no nos conviene, ni a ti tampoco cancelar el matrimonio, el escándalo sería mayúsculo por que la gente investigara y se dará cuenta de que eres una vil puta, que tantos estudios no te han servido, que hiciste gastar tanto dinero en especializaciones fuera del país a tus padres para terminar de prostituta, acostándote con el que mejor te pague, la 19 puede ser muy exclusivo, un lugar de putas finas si lo quieres ver así, pero no dejas de ser una puta mas, una puta que te usan.
-YO: ya, no es necesario que continúes ¿como te enteraste? y quiero saber si Sebastián sabe.
-DANIEL: te seguí, nunca creí eso de trabajar en las noches y mucho menos en atlas, es una empresa super bien organizada que no acepta a principiantes ni a persona sin experiencia, obvio Sebastián no lo sabe, ni lo sabrá, es mejor que continúe así, a ese niño lo amo, es mi todo así que acepta lo que el propone que ahí viene.

Sebastián nuevamente llego a la mesa, me tomó de la mano y tomó la mano de Daniel y expresó algunas palabras; que nos amaba a ambos, que deseaba que tuviéramos una relación cordial, que fuera nuestro secreto. Daniel me miraba fijamente, su mirada era fluida me chuzaban, pero sabía que me tenía en sus manos, quizá yo sería como Carmen, una esposa por conveniencia pero ¿cuanto tiempo me duraría la conveniencia, cuanto tiempo debía soportar una relación de tres? pero las palabras de Daniel dolieron y no las sacaba de mi mente y en el fondo tenía razón, yo era una mujer preparada, con títulos y con un gran esfuerzo por salir adelante, ¿por qué continuar siendo una puta? pero recordaba que amaba el sexo y ya que Sebastián no me lo daría como a mi me gusta, sólo debía encontrar el hombre que se encaje a mi, pero ya lo había encontrado, aquél cliente del que me enamoré pero que al mismo tiempo era un completo misterio, me había enamorado de una forma tan espectacular de coger de Gustavo, de su cuerpo, de su color de piel, de su brusquedad. Él era perfecto para mi. ¿Pero donde encontrarlo, donde ir por el si era un total misterio?

-SEBASTIÁN: amor, Melani, te fuiste, estamos aquí, ¡despierta!
-YO: disculpa estaba tratando de digerir esta situación, pero por el momento no cancelaré el matrimonio, nos casaremos y no diré nada de tu situación, Sebastián
-SEBASTIÁN: gracias mi amor, sabía que lo entenderías.
-YO: no Sebastián, no te equivoques, no entiendo ni quiero entender, en el fondo sabes que es una conveniencia para ambos, no quiero ser la mujer que su novio abandono por otro hombre, el chisme no se haría esperar, todos me señalarían a mi, a ti no te harían mucho, eres el «macho», por otro lado tampoco quiero destruir una familia, Carmen no se merece escándalos a su edad, así que te repito todo es conveniencia.

Me levanté de la mesa y me fui del lugar. Empezaba a odiar mi vida y todo lo que me estaba pasando, sólo quería saciar mis ganas de sexo y mas sexo, en el fondo me sentía como una ninfómana, una perra que siempre vivía en celo, pero, ¿Dónde encontrar a Gustavo y vibrar de placer? Caminé varias calles, varios kilómetros anhelando encontrar mi paz interior y mi tranquilidad, mi vida se estaba desmoronando ahí a mis pies y debía continuar con la vida «perfecta» que tenía, no sé por que razón llegué hasta la capilla del padre Ramos, entré y estaba con algunos feligreses, esperé a que se desocupara y quise hablar con el:

-SACERDOTE: ¿Que haces aquí hija? hoy no he requerido de ti.
-YO: no sea tan cínico padre, solo deseo saber hasta cuando me estará chantajeando
-SACERDOTE: ven hija acompáñame.

Cerró la capilla, nuevamente se retiró la sotana y la vestimenta que llevaba puesta, debajo de tanta ropa de «cura» existía un cuerpo delicioso, tonificado, un cuerpo atlético, de verdad que el padrecito tenía también su secreto. Me tomo por la cintura y por primera vez me besó, bajaba sus brazos hasta tocar mis nalgas y apretarlas con algo de fuerza, me encantaba aquello que estaba pasando y era obvio que mi entrepierna empezaba a humedecerse, me quitó la blusa dejando al descubierto mis senos, me los besaba dejándome algunas marcas, me chupaba con algo de fuerza pero me gustaba, retiró mi falda y mi panty y con gran brusquedad introdujo su pene y de verdad que era delicioso aquel pene, me cargó y estando ahí en el aire me movía muy lento pero firme, lo tenía solo y enterito para mí. Empecé a gemir y el igual, era un sexo delicioso, luego me bajó y me apoyó sobre una de las bancas de la capilla para estar totalmente en 4 , estando ahí me introdujo el pene por el ano, era la primera vez que lo hacía, lo metió de una sin preguntar ni nada y en medio de mi dolor sentía mucho placer, sentí un orgasmo intenso, mucho mas intenso que por la vagina, mi cuerpo se empezó a descontrolar y mis movimientos involuntarios eran aun mas fuertes, sabía que le gustaba por que me mordía la espalda, ya no me dolían las flagelaciones o al menos eso creía, amaba el sexo con el sacerdote, era un experiencia totalmente deliciosa, hasta que el término y me hizo tragar toda su leche, era deliciosa, calientica y espesa, el padrecito gemia como una completa perra, pero eso me encendía mas y le pedí que lo hiciéramos nuevamente, pero éste se negó, debía dar misa y yo ya no debería estar ahí, prometió llamarme para continuar con la absolución. Esa situación me empezaba a gustar, si los encuentros con el padre serían así de deliciosos, estaba dispuesta a convertirme en su puta personal. Yo queria continuar teniendo sexo con él y sabía en el fondo que a el también le había encantado, me vestí me arreglé y salí de la capilla, me sentía una pecadora pero feliz, yo caminé hacia mi casa, debía arreglarme para irme a la 19, mi cara de felicidad era notoria, tener sexo con un sacerdote era un maravilloso pecado. Tomé una ducha, me vestí rápidamente y salí a la 19, por primera vez iba ami trabajo muy temprano, casi nunca lo hacía pero aquél día me nació hacerlo, tomé un taxi y paradójica mente era el mismo que había tomado Gustavo la primera vez que fue a la 19, recordaba de alguna manera el número de sus placas y no esperaría para preguntarle por él.

-YO: Señor ¿recuerda que una de estas noches usted llevó a no sé dónde un señor alto, moreno, guapo? salía de la 19.
-TAXISTA: si, cómo olvidarle si dejó muy buena propina.
-YO: ¿recuerda a donde lo llevo?
-TAXISTA: si claro
-YO: ¿me llevaría?
-TAXISTA: con todo gusto.

Mi corazón saltaba de emoción, ya daría con el paradero de mi amor, de ese hombre que me enloquecía, estaba super emocionada pero nada cuadraba, el taxista aseguraba que el lugar donde lo había llevado era un ancianato, me bajé del taxi y pregunté pero nadie sabía sobre Gustavo, solo di su nombre no tenía apellido ni nada, solo un nombre que quizás no era el de él, regresé nuevamente al taxi y fui a mi trabajo, aquella noche estuvo tranquilo, sexo algo loco pero delicioso y solo deseaba que Gustavo regresara pero no fue así, no volvió aquella noche .

CONTINUARA….

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